Carla\’s Blog











{marzo 25, 2006}   Time ago (No a todos los peluches les gusta que les abracen)

Gogo odiaba aquella mugrienta estantería, estaba harto de rozarse con otros peluches
, y de que otros peluches se rozaran con él. Estaba más que harto de que la dependienta se empeñara en colocarle y recolocarle cada media hora, ¿acaso no podían dejarle en un
espacio solitario y tranquilo ?

Gogo tomó una determinación, la única manera que tenía de salir de aquella estúpida tienda era sonreír, él lo sabía. Odiaba sonreír, nunca le habían enseñado, pero pensó que
si los demás peluches lo hacían él también seria capaz. Se pasó semanas intentando imitarles, ensayando por las noches… Casi le llegó a gustar, pero… NO!! no tenía ningún motivo para sonreír, no le podía gustar.

Al fin lo consiguió, Gogo, consiguió la mejor sonrisa! Ningún otro peluche sonreía como él. Estaba preparado, ahora solo tenía que elegir su víctima y… sonreír.

Pasaba mucha gente cada día por delante de su estantería, pero nadie le convencía, tenía unos criterios muy estrictos: manos y cara limpia, niños poco juguetones y poco sonrientes, más bien niños sombríos y caprichosos… Al fin y al cabo, Gogo quería ser juguete de una semana, que le tocaran poco, y que en poco tiempo le dejaran olvidado en el fondo de un armario como él siempre había soñado.

Ella es perfecta, se dijo Gogo, al ver a aquella niñita callada, con la falda perfectamente planchada, y ni una sola mancha. Laura, no le pedía ningún juguete a su padre, no lo señalaba todo alterándose más y más con cada cosa nueva que veía. Era su padre el que le preguntaba sin parar, no te gusta este Laura? y este? este es perfecto para ti!
Ella le miraba con cara triste y no contestaba.

Gogo, se preparó, había llegado el gran momento, preparó la mejor de sus sonrisas y… en pocos segundos vio como los tristes ojos de Laura se quedaban embobados mirándole. El padre de Laura siguió andando sin darse ni cuenta y sin parar de preguntarle…

Aquel hogar no era muy lujoso, pero que más le daba a Gogo, él soñaba con su trocito de armario, con ser olvidado en un rincón.
Desde que se habían separado sus padres, Laura había perdido el interés por todo lo que le rodeaba, no soltaba ni un momento a Gogo. Dormía con él, se duchaba con él… Gogo estaba ya harto, ya nunca sonreía, él quería dejar de gustarle, que perdiera todo el interés y jugara con el resto de juguetes, pero Laura no le soltaba para nada.

Un día, tras una enorme bronca de sus padres Laura cogió a Gogo y se metió en el
armario. Laura no hablaba con nadie, comía dentro del armario y salía a hurtadillas y corriendo para ir al bañó. Su psicólogo recomendó no forzarla a salir, ella misma lo haria.

Nadie sabe que motivó a Laura a salir de aquel armario después de tres semanas, y nadie se explica que dejara a Gogo allí olvidado. Pero Laura volvió a hablar, a jugar e incluso a sonreír… Gogo, tenía lo que quería… o lo que siempre había querido, pero, sin saber porque, no podía evitar volver a poner la mejor de sus sonrisas cada vez q Laura abría el armario para buscar cualquier cosa.

Lore®

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MI MAMÁ says:

ME GUSTA PORQUE LOS PELUCHES Y LOS NONOS, SON LAS COSAS A LAS QUE MAS CASO LES HA HECHO. BESOS ASUN.



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